Aprender a hablar bien

La personalidad está contenida en el lenguaje. En lo que decimos y cómo lo decimos. Cada vez que habla, el hombre se examina ante sus semejantes. Vivimos y convivimos con palabras. Nuestra inteligencia es lingüística, nuestra convivencia es lingüística, y mediante el lenguaje recibimos la cultura. Pensamos y sentimos con palabras, sin palabras no podemos entendernos a nosotros mismos ni a los demás. La debilidad de palabra nos deja a merced de los más fuertes y de los más inicuos. Aprender a usar el lenguaje es aprender a usar la inteligencia y aprender a sentir. Es convertirse en persona con personalidad.

A partir de hoy, dedicaremos diez minutos todos los jueves a sumergirnos en el idioma. En su ritmo, en su fuerza, en el color de sus adjetivos, en el calor de las metáforas, en la gracia del estilo. El estilo, he ahí todo: nuestra manera personal de expresarnos. El estilo es “el ropaje del pensamiento”, como le escribió Lord Chesterfield a su hijo, en unas Cartas del siglo XVIII. El hijo no salió al padre en el estilo, vestía mucho peor su inteligencia. Nos ocuparemos del Arte de Hablar en Público, de la Oratoria, en la que se han formado algunos de los mejores cerebros de la historia. Un arte aparentemente inactual, pero más necesario hoy que cuando lo engrandeció Cicerón hace dos mil años. Para hablar bien hay que hacer algo más que desearlo. A todo el mundo le gustaría hablar bien, pero casi nadie se pone a ello, no se pone a aprenderlo y a trabajarlo. La Oratoria es un arte, y como todo arte tiene técnicas, que hay que aprender.

El pensamiento resulta impotente sin elocuencia. El dominio del lenguaje -vocabulario y dicción- es indispensable para el éxito de muchas profesiones, cuya base es la palabra: abogacía, política, enseñanza, radio, televisión, empresa. En algún momento, en muchos momentos, cualquier profesional descubrirá que hablar bien constituye un requisito indispensable para desarrollar cabalmente su trabajo.

En general, hablamos mediante tópicos, muletillas, lugares comunes, frases hechas. Un montoncito de abreviaturas de mensaje telefónico, apócopes deslucidos, mutilaciones de un idioma tan trabajosamente edificado. Cada vez tenemos menos vocabulario y lo usamos con más torpeza. Pero se puede y se debe -nos lo debemos a nosotros y se lo debemos a la sociedad- aprender a hablar con claridad y belleza, elocuentemente. La oratoria nos devuelve la gracia del lenguaje, nos enseña que las palabras están para mucho más que para limitarse a nombrar las cosas con ellas. Es el paso del hacha de sílex al Siglo de Oro.

One comment

  1. mdelgadorasheres's avatar
    mdelgadorasheres · November 27, 2019

    Magnifica iniciativa que a buen seguro nos ayudara y ofrecerá fortaleza en nuestra forma de hablar en publico y expresarnos con los demás, algo muy importante hoy en día. enhorabuena por tan buena iniciativa.

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