La última edición del Diccionario de la lengua española (RAE) es la 23ª, llamada del tricentenario, y se publicó en 2014. Contiene más de 90.000 palabras. No resulta necesario usarlas todas para vivir. Pero tampoco hay que conformarse con que nuestra inteligencia navegue por un raquítico lago de 300 vocablos, que es nivel de botellonero y de indignado político por cuenta ajena. Hablar bien exige vocabulario y pensamiento, y una cosa tiene que ver con la otra. Con poco vocabulario se alcanzan pocas ideas, quizá ninguna. Cuenta Manuel Alcántara que Azorín le recomendó leer el diccionario. “Ábralo al azar”, le dijo. Martín de Riquer sostenía que “el libro más útil es un diccionario cualquiera, que sea bueno. Que sirva no sólo para comprender la lengua, sino también para escribir bien”. Y para Borges, amante de las palabras y las etimologías, “la enciclopedia es uno de los mejores géneros literarios (…) Para mí, la alegría suprema es un diccionario etimológico”.
Con el lenguaje pensamos, pero también sentimos. La palabra tiene capacidad para despertar emociones, y eso determina que pueda estimular cambios de conducta individuales y colectivos. Las palabras identifican los sentimientos, y los controlan o los desordenan. A los pueblos se les gobierna por la palabra o por la fuerza. A los hombres se les educa por la palabra o por la fuerza. Un vocabulario amplio y bien usado permite emplear las palabras adecuadas a cada ocasión y ponerlas en el lugar adecuado de la frase. Si no lo hacemos así, no expresaremos lo que queremos decir y no nos entenderán. Palabras apropiadas y convenientemente colocadas. Para eso, hay que conocer su exacto significado. No basta con saber, que es el resultado de la observación y de la reflexión, hay que saber decir. No saber decir hace inútil el conocimiento.
Nuestra personalidad se construye con palabras, y el empobrecimiento lingüístico es también un empobrecimiento psicológico. Hay que acostumbrarse a cambiar de palabras -de adjetivos, de adverbios, de verbos-, lo mismo que por higiene nos cambiamos de ropa. Si empleamos cada día y en cada ocasión las misma palabras avejentadas, tics lingüísticos, muletillas sudorosas, adjetivos grasientos, raídos (tío, colega, guay, buenopues, yodiría, piensodeque), se nos descompondrá el cuerpo del idioma y acabará apestando nuestra personalidad. No puede perderse de vista que una democracia de analfabetos desemboca en un gobierno de mediocres, que se impone por la debilidad cultural de la mayoría.
Llevo más de la mitad de mi no corta vida dedicado a aprender y enseñar el arte de la oratoria. Y he aprendido a tener mucho cuidado con las palabras, porque ninguna es inocente bajo su inocente apariencia simbólica. Apenas una mancha sobre el papel o un sonido en el aire. Y sin embargo -lo vio con claridad el perspicaz Julián Marías- las cuestiones de palabras son las más graves y peligrosas; y todos los conflictos, empezando por los familiares, surgen de un uso inadecuado del lenguaje. La palabra puede construir o destruir la sociedad, puede elevarnos o degradarnos. Palabras de amor. Palabras de honor. Palabras de horror, Palabras.
En algún libro, 1984 de Orwell -es posible-, en la televisión omnipresente, el gran ojo de gran hermano que regía sus vidas, se anunciaba a bombo y platillo el gran logro de sus dirigentes: habían logrado reducir las palabras del diccionario a 300 -quiero recordar-. Cuantas menos palabras, menos capacidad de matizar, de reflexionar, de pensar. Sencillamente es más fácil manipular porque anulas el sentido crítico. Hoy, con los teléfonos móviles, los grupos en redes sociales y la televisión ni siquiera hace falta prohibir palabras, se van cayendo de la conciencia social como las hojas en otoño. Y aquellas que van quedando se pervierten: tolerancia, libertad, democracia… ¡Qué vacías, qué huecas, qué vanidosas! Solo hay un antídoto: la lectura… pero ya no nos queda tiempo. Gracias por el artículo, José Javier, comparto con tu permiso.
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MI ENHORABUENA POR TUS LINEAS ESCLARECEDORAS . NO ESCRIBO MAS PARA NO METER LA PATA
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Un lujazo Javier.No se puede decir mejor,ni mas ameno…..FELIZ BUENA Idea.Gracias por compartir tu sabiduria.Buenas tardes.
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